El Corazón de la Hospitalidad: Lo que Vivimos en el III Encuentro de Pastoral de la Salud 2026

Cuidar al que sufre exige, antes que nada, saber cuidar nuestro propio corazón. Con esta certeza latiendo con fuerza en cada uno de nosotros, nos reunimos en el III Encuentro de Responsables de la Pastoral de la Salud 2026. No vinimos simplemente a asistir a un evento más; vinimos a encontrarnos, a mirarnos a los ojos y a revitalizar esa misión hospitalaria que nos une. Desde el primer minuto, compartiendo los abrazos de bienvenida y la alegría de vernos, entendimos que la atención humana y compasiva que brindamos en nuestros centros no es solo un trabajo, sino una vocación sagrada que se alimenta directamente del carisma de San Benito Menni.

Los primeros dos días fueron un viaje hermoso hacia el interior de nosotros mismos. A través de dinámicas de introspección y espacios de silencio, nos detuvimos a escuchar nuestro propio corazón, recordando que para sostener el sufrimiento ajeno y ofrecer un cuidado verdaderamente humano, primero debemos cultivar nuestro propio equilibrio físico, emocional y espiritual. En esas jornadas compartimos herramientas valiosas para una escucha activa y empática, esa que nos permite descubrir el rostro de Cristo sufriente en cada persona que atendemos. Hablamos con total honestidad sobre la resiliencia, la paciencia ante el dolor, el manejo del estrés en entornos vulnerables y la sensibilidad necesaria para abrazar la incertidumbre de los pacientes y sus familias.

El tercer día encendió una luz fundamental en nuestro caminar, uniendo la profundidad de nuestra labor con la riqueza de la comunidad. Comenzamos la mañana con un hito que esperábamos con entusiasmo: la divulgación del Texto Congregacional No. 11, enfocado en la Pastoral en la Misión Hospitalaria. Sentir este documento en nuestras manos fue como recibir una brújula renovada; nos regaló directrices claras para unificar criterios, pero sobre todo, nos encendió el deseo de potenciar el impacto evangelizador en cada una de nuestras obras.

Con la mente nutrida y el espíritu vibrante, salimos al encuentro de la historia en una salida cultural que se convirtió en un verdadero regalo de fraternidad. Primero fue la visita a la Ciudad Mitad del Mundo, un lugar lleno de simbolismo donde pudimos pararnos con un pie en cada hemisferio de la Tierra, siendo la metáfora perfecta de nuestras vidas: la Pastoral de la Salud como ese punto de equilibrio exacto donde la ciencia médica y la compasión espiritual se abrazan. Luego, nos adentramos en el corazón y la riqueza histórica del centro de Quito, compartiendo risas y estrechando lazos comunitarios. Finalmente, nuestro recorrido concluyó en la imponente cima de la Virgen del Panecillo; contemplar desde allí a la Virgen alada, con el viento de la ciudad en el rostro, nos conmovió profundamente. En ese punto tan alto, elevamos juntos una oración sincera por la salud de nuestros enfermos y renovamos nuestra promesa de ser protectores y guías de los más vulnerables.

Cuando regresemos a nuestros centros con el alma llena de paisajes inolvidables, pero sobre todo, con el corazón encendido. Estas jornadas nos han demostrado que no estamos solos en esta tarea y que nuestra labor va mucho más allá de lo asistencial. El Texto Congregacional No. 11 como mapa y una convicción renovada para seguir construyendo espacios de auténtica acogida, compasión y esperanza para todos.

Comunicaciones – Provincia de América Latina

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